La asimilación de un número creciente de turistas es uno de los retos más importantes a los que tiene que hacer frente el sector de la defensa y el cuidado del patrimonio. Cada año crece el número de visitantes que se desplazan a lugares considerados emblemáticos por su valor cultural, lo que incluye museos, yacimientos arqueológicos, monumentos, espacios urbanos… A medida que el nivel de vida de la población sube y la capacidad de gasto aumenta de forma paralela, son más las personas que quieren vivir experiencias culturales de primera mano, una realidad a la que las administraciones tienen que hacer frente si no quieren que el mismo patrimonio sufra y llegue a morir de éxito.
Sin embargo, hay factores contra los que los responsables de patrimonio difícilmente pueden actuar si no se ven acompañadas por medidas mucho más generales y de impacto. Esto es lo que ocurre con todo lo relacionado con el calentamiento global y el cambio climático. En un mundo de veranos cada vez más calurosos y fenómenos atmosféricos impredecibles, es absurdo pensar que esto no afectará al modo en el que conservamos y disfrutamos de los lugares culturales.
Un ejemplo de ello ha sido lo sucedido esta semana en la Acrópolis de Atenas, sin duda el lugar más visitado de toda Grecia y uno de los puntos de Europa que más afluencia recibe de turistas. Las autoridades tuvieron que decreta el cierre completo de la Acrópolis entre la 13:00 y las 17:00 por las elevadas temperaturas que se estaban experimentando en todo el país y que ponen en riesgo no solo a los turistas sino ante todo a los trabajadores y profesionales que se ven obligados a estar bajo el sol si este espacio está abierto al público.
El Servicio Meteorológico Nacional de Grecia ya había advertido de que se estaba viviendo un episodio de calor extremo en todo el país que se previa que pudiera incluso aumentar, por lo que las autoridades reaccionaron prohibiendo los trabajos al aire libre en las franjas centrales del día, lo que incluía, como no podía ser de otra manera, a los profesionales de yacimientos arqueológicos y otros espacios.
La Acrópolis de Atenas no ha sido el único monumento de Europa que ha tenido que cerrar sus puertas por el calor, ya que durante varias jornadas la Torre Eiffel de París también ha clausurado su último piso por este último motivo.
Ante esta tesitura no hay duda de que estamos en un momento crítico en el que debemos repensar nuestro modelo de turismo y de trabajos ligados con el patrimonio si queremos que la protección siga siendo un elemento clave al tiempo que conseguimos que el gran público pueda seguir disfrutando de él en condiciones adecuadas.