La tumba de Anfípolis. Descubrimiento arqueológico del año 2014

Esfinges que custodian la entrada a la tumbaDe todos los hallazgos arqueológicos del año 2014, la gran tumba helenística de Anfípolis merece, desde mi punto de vista, el primer puesto indiscutido. No sólo por la magnitud de lo encontrado en ella, algo que aún está por demostrarse, sino ante todo por la atención mediática que ha conseguido la estrategia de comunicación del equipo de arqueólogos y la incesante actividad en las redes sociales desarrollada por espectadores de todo el mundo. Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que la tumba de Anfípolis ha sido el primer hallazgo arqueológico narrado casi en directo por estas vías de comunicación, permitiendo la interacción y las opiniones de aficionados y especialistas de todo el mundo en el momento mismo en el que los avances eran publicados. Anfípolis es, desde este punto de vista, el primer yacimiento arqueológico excavado y promocionado con un estilo propio del siglo XXI.

En Portal Clásico hemos tratado de dar información puntual acerca de todos los descubrimientos que se iban realizando en Anfipolis, así como de las diversas teorías e hipótesis que los especialistas publicaban en los medios. Fue en el mes de agosto cuando llevamos a nuestra portada los interesantes avances realizados por un equipo de arqueólogos griegos, dirigidos por la doctora Katerina Peristeri, en un yacimiento que estaba siendo excavado desde 2012. Pues es cierto que las excavaciones en Anfípolis no han comenzado ni mucho menos en 2014: la actual campaña lleva ya dos años de trabajos. En 2014 comenzó la fase más interesante y mediática, a saber, el intento de entrar en el interior de la tumba. De hecho, los arqueólogos ya sospechaban desde principios del siglo XX la posibilidad de que en este punto concreto se ocultara algún enterramiento de gran magnitud, guiados ante todo por la aparición de un colosal león de mármol en el lecho de un río cercano. Ya el gran arqueólogo Lazaridis indicó que este lugar de Anfípolis podía deparar grandes sorpresas para quien tuviera la fortuna de excavar en él, una fortuna que se le escapó a él mismo por falta de financiación.

En el verano de 2014 se hacían públicas las primeras imágenes que conmocionaron al público, las dos colosales esfinges que custodiaban la entrada de la tumba, descabezadas y con las alas rotas, pero atentas aún a la llegada de cualquier profanador. De inmediato, el mundo comenzó a demandar más información. ¿A quién pertenecía aquella tumba colosal? ¿Qué más sorpresas aguardaban en el interior? Muchos, guiados tal vez por la imagen romántica de la arqueología del XIX, creían que en pocos días se podría llegar hasta las últimas cámaras de la tumba. Nada más lejos de la realidad. La directora de las excavaciones, la doctora Peristeri, hizo un llamamiento a la calma. Ni ella ni nadie de s equipo se apresurarían en los trabajos de excavación. Se obraría con la prudencia y la lentitud que todo trabajo científico requiere. Y, hasta el momento, ésa ha sido la consigna seguida por los arqueólogos.

Sin embargo, esta prudencia no evitó que hasta el mismo gobierno griego, con el presidente Samaras a la cabeza, realizara visitas al yacimiento, tanto para hacerse la foto de turno como para promocionar esta región de Grecia en todo el mundo. Desde el momento en el que Samaras visitara Anfípolis, el gobierno heleno no ha dejado de preocuparse por los avances en este yacimiento, conscientes de que un hallazgo de gran magnitud bien gestionado podría atraer a centenares de miles de turistas y ayudar con ello a paliar la maltrecha economía griega. La tumba de Anfípolis ya no era sólo un descubrimiento interesante para los amantes de la Antigüedad; se había convertido en un asunto de estado.

El avance de los arqueólogos en el interior de la tumba no fue en absoluto sencillo. El techo de algunas cámaras estaba parcialmente derrumbado, de forma que éstas estaban llenas de escombros y el peligro de desprendimiento era una amenaza constante. Con gran lentitud, se fueron retirando los restos y las primeras cámaras quedaron al descubierto. Lo que aguardaba en su interior a los arqueólogos volvió a dejar al mundo sin respiración por unos instantes. Una pareja de hermosas cariátides custodiaba la entrada de la siguiente cámara. Solemnes y majestuosas, las dos figuras femeninas volvían a ver la luz después de milenios de oscuridad. Mutiladas por el tiempo y la agresión de los saqueadores, las cariátides habían perdido los brazos, y una de ellas incluso el rostro. La retirada completa de los escombros permitió descubrir que estaban realizadas con una maestría comparable a la de los grandes escultores de época clásica. Las cariátides de Anfípolis, una vez desenterradas por completo sorprendieron al mundo por su belleza y majestuosidad. ¿Qué personaje del siglo IV a.C. podía permitirse para su tumba la elaboración de semejantes guardianes de piedra?

Cariátides de Anfípolis

Tras franquear la sala de las cariátides, los arqueólogos llegaron a la siguiente estancia. En ella no hallaron restos de escultura monumental, por lo que, un tanto decepcionados, comenzaron la labor de desescombro. Ninguno podía sospechar que la sorpresa en aquella sala les aguardaba bajo kilos de piedras y arena, en el mismo suelo de la cámara. Un espectacular mosaico, revelado primero de forma parcial y descubierto finalmente por completo, con una escena del rapto de Perséfone a manos del dios Hades, estando ambas divinidades precedidas del dios Hermes. Esta escena de fuerte componente funerario estaba realizada con una gran variedad de teselas de colores y, con excepción de un amplio espacio en el centro, se había conservado a lo largo de los milenios en un estado casi perfecto. Hermes, como dios encargado de conducir las almas de los muertos hasta el otro mundo, y Hades y perséfone, como reyes del Inframundo, custodiaban desde el mosaico el descanso del fallecido.

Además del espectacular mosaico, los dinteles de la puerta de esta cámara ofrecieron un nuevo descubrimiento, más sutil, casi imperceptible, pero no por ello menos interesante. La piedra de los dinteles presentaba restos de pinturas, casi borrados por el paso del tiempo, con escenas muy difíciles de interpretar: un toro flanqueado por dos figuras humanas, y un personaje alado que se dirige hacia un trípode.

Mosaico de la tumba de Anfípolis

A estas alturas de las excavaciones habían sido ya muchos los especialistas y aficionados que se habían aventurado a atribuir la tumba de Anfípolis a un personaje concreto. Cada especulación resultaba más llamativa que la anterior, y cuanto más alto apuntaran las hipótesis, más eco encontraban en la prensa, tuvieran o no argumentos científicos tras ellas. Las más arriesgadas defendían que la tumba pertenecía a Alejandro Magno, desafiando con ello el testimonio de una gran cantidad de fuentes literarias que nos dicen que el cuerpo del rey fue conducido hasta Alejandría, en Egipto, por el general Ptolomeo como parte de la legitimación de su poder. Algunos, más comedidos, afirmaban que la tumba había sido construida para albergar el cuerpo de Alejandro, aunque su repentina muerte en babilonia y los enfrentamientos posteriores entre sus generales habían impedido que nunca llegara a utilizarla. Pero no ha sido sólo Alejandro el afortunado destinatario de la tumba en la mente de muchos especialistas. El helenista Andrew Chugg, que ha dedicado su vida a recopilar toda la información que poseemos acerca de la tumba de Alejandro, trató de demostrar que el muerto enterrado en Anfípolis no es otro que
Olimpia madre del rey y esposa de Filipo II de Macedonia. Para llegar a esta conclusión, Chugg se basaba en la iconografía de las escenas halladas en la tumba, especialmente en la forma y el atuendo de las dos cariátides, según él, ligadas al culto de Dionisos. El profesor Thódoros Mavroyánis, de la Universidad de Chipre, ha apuntado a su vez a Hefestión, amigo y supuesto amante de Alejandro, como destinatario de la tumba, mientras otros, menos ambiciosos, señalaban al almirante de la flota, Nearco, como su ocupante.

Ante esta avalancha de opiniones, todas ellas procedentes de investigadores que jamás han puesto un pie en el yacimiento de Anfípolis, la doctora Peristeri tuvo que hacer una llamada a la prudencia. Ni ella ni ningún miembro de su equipo habían encontrado elementos que les permitieran atribuir la tumba a un personaje concreto. Desde su punto de vista, todos los supuestos especialistas que se habían lanzado a publicar hipótesis acerca de quién estaría enterrado en Anfípolis buscaban sólo un minuto de gloria en las televisiones y la prensa a costa del tirón mediático que el yacimiento tenía y tiene.

Pese a estas constantes peticiones de prudencia, las hipótesis siguieron sucediéndose, obligando al equipo de arqueólogos a dar una rueda de prensa con el apoyo del Ministerio de Cultura griego. La rueda de prensa despertó una atención nunca antes vista para un tema relacionado con la arqueología. Medios de todo el mundo se acreditaron para estar presentes en el evento y ofrecer a sus lectores y espectadores información de primera mano acerca de los últimos descubrimientos en Anfípolis. Las últimas filtraciones en internet hacían si cabe más interesante esta rueda de prensa. Pocos días antes de producirse, diversas redes sociales informaron de que el equipo de Peristeri había encontrado al fin, en un foso bajo la última cámara de la tumba, unos restos humanos. ¿Se descubriría finalmente la identidad del ocupante de la gran sepultura?

Foso con restos humanos en Anfípolis

Para frustración de todos los asistentes, la rueda de prensa, que tuvo lugar a finales del mes de noviembre, ofreció muy pocos datos que no fueran ya conocidos. Peristeri y su equipo mantuvieron su ya tradicional prudencia, negándose a aventurar ninguna hipótesis acerca de la identidad del cuerpo encontrado en el foso. Se dieron a conocer imágenes de los restos del ataúd en el que éste habría sido enterrado, así como algunos huesos de difícil interpretación. Sólo un minucioso trabajo de laboratorio podría ofrecer, informó Peristeri, más datos acerca del muerto. Sin embargo, al ser preguntada acerca de las hipótesis de que fuera el propio Alejandro quien estuviera enterrado en Anfípolis, la doctora Peristeri declaró que ella no se cerraba a ninguna posibilidad, dejando una vez más la puerta abierta a las especulaciones.

Más interesantes, por las posibilidades de futuro que abrían, fueron las declaraciones del profesor Gregory Tsokas, especialista en Geomorfología, que, tras haber explorado la zona de la tumba con radares y sondas, confirmó que el sepulcro de Anfípolis podía ser sólo una entrada a una gran red de túneles cuya extensión no se aventuraba a definir. De ser esto cierto, podríamos estar ante una gran necrópolis subterránea de época helenística que podría ocultar tesoros artísticas e información arqueológica que sólo podemos imaginar.

Como vemos, el 2014 ha abierto en Anfípolis una gran cantidad de interrogantes que seguimos sin poder responder. ¿Hay más tumbas además de la ya descubierta? ¿Quién es la persona que está enterrada en la gran sepultura? ¿Alejandro, Olimpia, Nearco, Hefestión o un miembro menor de la corte macedonia? Es posible que algunas de estas preguntas, por caprichos de la arqueología, nunca lleguen a ser respondidas. Lo que es seguro es que las miradas del mundo seguirán puestas en Anfípolis durante el año 2015. Si algo ha conseguido este yacimiento es que se consolide la aplicación de los nuevos medios de comunicación, internet y las redes sociales, a la divulgación casi instantánea de todos los descubrimientos. Naturalmente, este nuevo mundo que se abre ante nosotros está lleno de peligros, como la falta de rigor en la información que circula y la dificultad para controlar los datos que trascienden. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, Anfípolis se ha convertido, pese a estos problemas, en una punta de lanza en la divulgación de la Cultura Clásica y su transmisión a la población en general. Una punta de lanza que todos debemos contribuir a que crezca y se clave con profundidad y firmeza.

Reconstrucción virtual de la tumba de Anfípolis


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